Las empresas y los autónomos deben conocer y acostumbrarse al uso de términos administrativos en su actividad, como puede ocurrir con la diferencia entre el domicilio social o fiscal. Estas palabras, con frecuencia, resultan difíciles de entender, es por ello que hay que tenerlas bastante claras.

En las sociedades mercantiles ambos domicilios tienen implicaciones diferentes. Podrán coincidir o no dependiendo de las circunstancias del negocio o de los intereses de la empresa.

Domicilio social o fiscal

Domicilio social

Es algo exclusivo de las empresas. A la hora de crear una de estas será necesario fijar el domicilio social en la escritura pública que se entrega al notario. Así, una vez que se inscriba en el Registro Mercantil, ese domicilio será público, de modo que cualquier persona que quiera podrá localizar la empresa.

Legalmente, el domicilio social es aquel desde el cual se administra y dirige la empresa y no tiene porque coincidir con el de la tienda o establecimiento comercial, si lo tuviera. Este tan solo puede cambiarse mediante escritura pública, que después tenderemos que enviar al Registro Mercantil y a la Agencia Tributaria.

Domicilio fiscal

Es aquel que se señala para recibir notificaciones de la administración. Es decir, el lugar donde legalmente se encuentra establecida una persona física o jurídica y desde el que hace frente a sus obligaciones y derechos fiscales. Este no aparece en la escritura pública y puede modificarse cumplimentando el modelo 036 de comunicación censal.

El domicilio fiscal es el que aparece en las facturas que expide y recibe la empresa y en los encabezados de las nóminas; además es el que se comunica a la Seguridad Social en el momento de contratar trabajadores.

Pero la diferencia más notable entre el domicilio social y el fiscal es que el primero es de conocimiento público mientras que el segundo pertenece al ámbito privado. En cualquier caso ambos deben solicitar en la Agencia Tributaria el Número de Identificación Fiscal (NIF).