La electricidad es un elemento fundamental de nuestras vidas, capaz de revolucionar la forma de vivir en los últimos 150 años. Sin embargo, también puede dar un calambrazo cada vez que llega la factura de la luz. Entenderla es el primer paso para poder ahorrar, y eso no siempre es fácil.

Entender la factura de la luz: ¿De qué depende lo que pago?

En la parte superior de la factura encontraremos los principales datos de facturación, tanto de la compañía como los nuestros. En el documento también se muestran vías de contacto con nuestro proveedor eléctrico. Además, incluye distintos resúmenes de la factura y de nuestro consumo eléctrico, así como aspectos de nuestro contrato -como si disponemos de tarifa regulada o libre-.

Para entender de dónde viene el coste debemos fijarnos en los siguientes puntos:

Potencia eléctrica contratada

Este es uno de los dos principales importes a tener en cuenta. Se trata de un fijo en el que no influye si consumimos más o menos, que pagaremos incluso si durante un mes no encendemos ni una bombilla de la casa.

Se paga el Kw contratado, y este debe indicarse de forma clara en la factura en uno de los siguientes términos: €/kW/día o €/kW/mes o €/kW/año. Se calcula multiplicando los kilovatios contratados por el coste de cada uno por el periodo facturado.

El coste del kilovatio está regulado por el Ministerio de Industria, por lo que -independientemente de qué compañía nos suministre- el precio no debería variar demasiado. Eso sí, aunque no pueden subir el precio por encima de lo indicado, las empresas sí que tienen la posibilidad de realizar ofertas y descuentos.

Consumo eléctrico

El segundo pilar de la factura eléctrica. El término de energía, o consumo eléctrico, sí que depende directamente de la cantidad de electricidad empleada durante el periodo facturado. Esta se mide en kilovátios/hora (kWh).

Este es el aspecto sobre el que tenemos más capacidad de acción para ahorrar. Por un lado, adquiriendo hábitos con los que reduzcamos el consumo eléctrico y por otro comparando las ofertas de las distintas compañías.

Otro aspecto a tener en cuenta es en qué momento del día se produce un mayor consumo y ajustar el tipo de tarifa a nuestros hábitos:

  • Tarifa normal: Precio único del kWh para todas las horas del día y todos los días del año.
  • Tarifa nocturna: También conocida como tarifa tarifa de discriminación horaria. Ofrece un precio superior del kWh durante el día y más barato durante la noche.
  • Tarifa de tres periodos: Esta tarifa nos permite negociar con la compañía tres periodos distintos en los que, según del día de la semana y la hora, el precio variará. Estas tres fases son el precio punta (más caro), precio llano y precio valle (el momento más barato). Esta tarifa solo está disponible para quien tenga contratada una potencia de más de 15 kWh.

Impuestos y alquileres

El tercer punto del coste refleja todos los impuestos y alquileres que afectan a nuestra factura. Estos son:

  • Alquiler de contadores eléctricos: Por norma general, equipos como los contadores son propiedad de la empresa distribuidora. El usuario debe abonar el alquiler a la comercializadora, aunque esta no siempre sea la propietaria de los contadores.
  • Impuesto eléctrico: Se aplica a la suma de la potencia contratada y del consumo eléctrico. Esta suma se multiplica por 1,05113. El impuesto eléctrico es el 4,864% del resultado. De esta forma, si la potencia contratada y el consumo eléctrico de nuestra factura ascienden a 70€, multiplicaremos esta cifra por 1,05113, dando como resultado 73,56. Calcularemos el 4,864%, de lo que obtendremos un impuesto de 3,58€.
  • IVA: Un 21% que se aplica al total de la factura.