La generación que se hizo adulta con el cambio del milenio ya ha crecido. Los millenials han dejado de ser una promesa y ahora son los nuevos consumidores y usuarios que deciden. El mercado se adapta a sus preferencias y el sector inmobiliario no es una excepción. Teniendo en cuenta que uno de los leitmotiv que les caracteriza es “compartir antes que poseer” el Real Estate se ha visto obligado a plantear nuevas fórmulas a medida de sus necesidades. En proyectos de co-living y co-working se han encontrado unas muy buenas soluciones que cada día ganan más adeptos.

Compartida y sostenible

Tecnológicos, sociables, comprometidos con el mundo y con muchas ganas de saber y compartir. Los millenials constituyen un nuevo target que tiene sus propias demandas a la hora de buscar piso o lugar de trabajo. Y es que si por algo destaca las personas entre 25 y 36 años es por la desestructuración de la vida cotidiana. El nuevo consumidor por un lado, quiere compartir el espacio de trabajo y, por otro, también el de ocio. Fruto de este nuevo estilo de vida cada vez son más los proyectos inmobiliarios que ofrecen en sus construcciones espacios comunes como por ejemplo estacionamientos de bicicletas, amplios livings con enormes pantallas de televisión o barbacoas en las terrazas.

Pero la generación del milenio no solo se identifica por querer vivir el afuera. Presentan un grado de exigencia importante que pide calidad a la vez que sostenibilidad. Prueba de ello lo encontramos en la proliferación de co-workings en donde el verde y la madera marcan los fundamentos del espacio.

Por otro lado, otra de las razones de peso del éxito creciente de este tipo de cohabitabilidades es por su adaptabilidad. Lo cierto es que el mercado de alquiler en la actualidad abruma a los jóvenes que intentan independizarse tanto por precio como por duración de los contratos. A través del coliving, en donde profesionales viven en comunidad, se plantean acuerdos más flexibles y económicos.

 

Una tendencia al alza

Menos metros cuadrados para los usuarios a cambio de más experiencias. Bajo esta premisa los coworking triunfan. La oficina tradicional se ha visto obligada a dejar paso a nuevos espacios compartidos en donde se apuesta por el diseño y los servicios. Lo cierto es que la forma de trabajar de las personas está cambiando. La era digital permite estar menos tiempo en la oficina pero, sin embargo, el tiempo que se pasa debe ser de calidad. Por un lado, aunque se disponga de menos metros cuadrados, el coworking ofrece más variedad de espacios para compartir y retroalimentarse profesional. Por otro, las exigencias de confort son altas procurando la temperatura y los niveles de luz más productivos.

Los datos cantan. Según la consultora de servicios inmobiliarios JLL solo en el año 2017 los espacios flexibles en los principales mercados mundiales crecieron hasta un 30%. Un aumento que desde su punto de vista seguirá con este ritmo en los 5 próximos años y que llegará a ocupar el 30% de las carteras de las inmobiliarias más importantes del mercado.

Lo cierto es que la guerra ha empezado y, en el caso de España, a los operadores especializados como IWG o WeWork se le han sumado grandes inmobiliarias que, como estrategia de defensa, han empezado a abordar este modelo de negocio en su empresa. Ejemplo de ello lo encontramos en Cbre, Merlin o Colonial. Sin embargo, lo que parece una tendencia al alza también puede presentar posibles riesgos para el sector.

Y es que si por algo destaca este modelo de negocio es por adquirir los mejores edificios de la ciudad, en las zonas más cool y con el diseño más innovador. Sin embargo, la oferta también crece y los operadores se ven obligados a competir a través del precio. Una tendencia que para muchos consiste en algo insostenible. ¿Cómo solucionarlo? La manera más fácil es subiendo directamente el precio o, siguiendo con el mercado de la demanda y la oferta, invirtiendo en edificios algo más apartados del centro.

 

Barcelona, Madrid y mucho más

Si es verdad que Londres es la ciudad con más espacios coworking en el mundo, en lo que se refiere a nuestro país Barcelona y Madrid se encuentran en el top 10 de las ciudades europeas unto a otras grandes como París, Berlín, Ámsterdam, Dublín, Estocolmo o Varsovia. Prueba de ello lo tenemos en las más de 25 nuevas aperturas que los grandes compañías del real estate tienen programadas a lo largo de este año 2019.

Pero, aunque la moda del coworking se inicio en Barcelona cuando el gigante norteamericano WeWork invirtió en el 22@, el hub tecnológico de la ciudad, en la actualidad ya son muchas las capitales españolas que se han apuntado a este nuevo modelo de espacio. Ciudades como Sevilla, Valencia, Alicante o Málaga ya ha empezado a verse como nuevos destinos de inversión dentro del sector.