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LA GOTA

Este escaso recurso puede ser depurado gracias a un estanque y a la ayuda de la naturaleza. Loa sistemas naturales de tratamiento de aguas utilizan y maximizan una serie de procesos que se dan de forma natural en el medio para depurar el agua que ensuciamos en nuestras viviendas.
Lorena Farràs Pérez

Abrimos el grifo y tiramos de la cadena con suma facilidad. Sabemos más o menos de dónde nos llega esta agua que consumimos. Pero ¿adónde va una vez ya ha cumplido su uso? ¿Es un desecho o un recurso del que podemos sacar algún provecho? ¿Qué coste tiene depurarla y devolverla a la naturaleza ya limpia? 

La depuración de aguas residuales es un proceso que puede tener lugar de forma natural en la naturaleza, aunque de un modo más lento que en las depuradoras convencionales. Así, los sistemas naturales de tratamiento de aguas consisten en utilizar y maximizar una serie de procesos que se dan de forma natural en el medio para depurar el agua que ensuciamos en nuestras viviendas. Los hay de distintas tipologías, pero aquí nos centraremos en los que usan un estanque y se sirven de la ayuda del sol, la vegetación y de determinada fauna. 

Estos sistemas no sólo permiten depurar el agua para que ésta pueda ser devuelta limpia a la naturaleza, sino que del proceso se obtienen una serie de recursos que son aprovechables. “Aunque debido a ciertas trabas legales el agua que se obtiene no puede ser aprovechada para el riego, la realidad es que ésta es ideal para este uso porque lleva muchos nutrientes”, explica David Sánchez, uno de los socios fundadores de la empresa La Gota, especializada en sistemas de gestión y tratamiento de aguas. Por otro lado, la vegetación de la zona del estanque puede ser usada como forraje. Si no se tienen animales, esta misma vegetación puede servir para hacer compost. El fango del estanque puede ser mezclado con paja, con lo que se obtiene una mezcla que, bien directamente o previo compostaje, puede servir como abono. 

Pero además de los citados recursos aprovechables, el estanque por sí solo ya es un bien material. Poseer un estanque en los alrededores de la vivienda es agradable para los sentidos pero también beneficioso para la biodiversidad al ser el agua una gran fuente de vida que atrae la fauna y alimenta la flora. Y no hay que temer por los malos olores. El proceso que conlleva peores malos olores tiene lugar en la fosa séptica, que está enterrada bajo suelo, mientras que en el estanque tienen lugar procesos menos molestos para el olfato. 

Obviamente, los sistemas naturales de tratamiento de aguas tienen un coste y requieren un mantenimiento. Albert Torrents, otro de los tres socios fundadores de La Gota, explica que “el conjunto del sistema -la fosa séptica y el estanque- vale entre 4.000 y 5.000 euros y, en cuanto a superficie, el sistema precisa de unos seis metros cuadrados por habitante“. Lo bueno del caso es que “el coste es muy similar tanto si se trata de un sistema para dar servicio a una sola vivienda como para una urbanización”,  asegura Torrents. Además, este biólogo apunta que para los requerimientos de espacio existen fórmulas muy originales y prácticas para que este no sea un impedimento. 

En cuanto al mantenimiento, la principal tarea es “la extracción periódica de las plantas marginales y flotantes, que se realiza entre una y dos veces al año”, explica David Sánchez. Por otro lado, cada dos o tres años deben extraerse los fangos bacterianos que se acumulan en la fosa séptica y cada diez años más o menos, los del estanque. También está el mantenimiento de las instalaciones y equipos, pero estos son mínimos debido a la poca maquinaria instalada y a los materiales de construcción. Además, como el sistema no requiere ningún aporte energético externo, las instalaciones son muy básicas. 

Para la construcción de estos sistemas naturales de tratamiento de aguas, La Gota usa materiales el máximo de ecológicos posible, locales y de larga durabilidad, tales como impermeabilización de arcilla, membranas de caucho, piedras, graba o tierra. Así se minimiza el impacto medioambiental de la instalación. En cuanto a la vegetación, Pau Arqués, el tercero de los socios fundadores de La Gota, explica que esta “es plantada en la de la zona del estanque, pero acaba naciendo por sí sola”. Una vez puestos en marcha, los sistemas naturales de tratamiento de aguas permiten cerrar el ciclo del agua y devolver limpia a la naturaleza el agua que previamente le hemos tomado prestada. Así se le da al agua un billete de ida y vuelta.

Las entrañas del proceso

El funcionamiento y los elementos de un sistema natural de tratamiento de aguas son comparables al del proceso digestivo. Las rejas del desbastador actúan como los dientes, impidiendo el paso de materiales gruesos. La tubería, como la saliva, hace que se mezclen los distintos materiales. La fosa séptica y la parte más profunda del estanque (donde no da el sol) vienen a ser como el estómago. En esta fase los compuestos contenidos en el agua residual son descompuestos por digestión anaeróbica en un medio sin oxígeno. Todavía dentro de la fosa séptica y en el fondo del estanque, se sedimentan los materiales más pesados, que se convierten en fangos.

El proceso se completa en la parte superior del estanque, zona que actúa como el páncreas, donde se estabilizan los nutrientes ya descompuestos. Una vez que ya tenemos una mezcla con unos nutrientes en formas estables y asimilables en su mayor parte, el agua entra en las zonas de captación de nutrientes. La primera de estas zonas es la del filtro de gravas y el de raíces, que actúan como el hígado: las raíces son las encargadas de suministrar el oxígeno a las bacterias que viven sobre la grava y de extraer los nutrientes que estas acaban de descomponer. Finalmente, llegamos al que sería el intestino, el margen del estanque, donde está la tierra y la vegetación. Aquí es donde se completa el proceso y donde tiene lugar la desinfección gracias a los rayos ultravioleta del sol.

 

Sistema natural de tratamiento de aguas